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PITA. LA BÓXER QUE CREE ES UN CHIHUAHUA

junio 27, 2019 Sin categoria
PITA. LA BÓXER QUE CREE ES UN CHIHUAHUA

Hace algunos años llegó a la vida de mi familia una bóxer, no por casualidad, todo comenzó con la compra de nuestra casa, como en la calle donde decidimos comprar aún había terrenos sin construir nos parecía importante tener un perro guardián.

En lo personal solo había tenido dos perros antes, cuando niño: “el lobo”, que hacía honor a su nombre cuando se enfadaba, y durante la adolescencia: “el roque”, que era lo más parecido al Golfo de la «Dama y el Vagabundo» y hasta funeral tuvo. Ambos animales eran criollos con características de Pastor Alemán. 

Al tener un niño pequeño, mi esposa y yo decidimos que debíamos buscar un cachorro para que se acostumbraran a convivir y evitar un accidente, nos dispusimos a buscar uno de adopción, durante un tiempo estuvimos viendo fotos de posibles candidatos, pero ninguno nos convencía.

Un día a mi esposa le dijeron de un chico que rescataba perros en la perrera municipal y que tenía un cachorro de bóxer hembra, a mí no me gustaba la idea, debo de confesar que era más por ignorancia y nostalgia que por otra cosa, creí que por ser de raza sería menos noble que mi compañero de la adolescencia, además de las menstruaciones que no quería limpiar.

Sin embargo mi esposa insistió en ir a verla, yo sabía una cosa: llevar a un niño pequeño a ver un cachorro incrementa considerablemente las posibilidades de quedarse con el animalito. Y así fue, ambos hicieron “clik”, la cachorrita era un tanto tímida, mi niño cariñoso, así que la acarició y ella movió lo que quedaba de colita, a los bóxer se las suelen cortar por “estética” al igual que las orejas, a la cachorra solo le habían cortado la cola.

La cachorrita había terminado en la perrera debido a que, según nos contó su rescatador, la habían llevado a sacrificar, ya que fue un regalo para alguien que al enterarse lo que crecería decidió dejarla en la perrera.

Con la historia y el niño jugando con ella, decidimos quedarnos con ella, con el compromiso de cuidarla y esterilizarla lo más pronto posible.  

Dio material para la segunda anécdota al subirla al carro, hizo ambas necesidades casi al subirse, y el cartón que pusimos no contuvo una bolita de caca que terminó en el asiento, mi hijo y mi esposa reían, yo no tanto.

Permitimos que mi hijo le diera un nombre, él dijo: “Pita”, nosotros reflexionamos sobre que así le dicen a las “Lupitas”, pero ni modo, nos gustó pequeño, simple y pegadizo ¡Pita será!, acordamos.

Días después escuchamos o esa misma noche no recuerdo, decir a nuestro hijo: ven Pita pan, ven Pita pan…nunca se nos ocurrió preguntar por qué Pita, realmente él le quiso poner Peter Pan, ya que mi madre le acababa de leer ese cuento, recién rebasaba los dos años de edad y pues no distinguió género.

Pita estaba flaca y era algo tímida, pero a base de cariño en una semana era un cachorro distinto, corría por el parque feliz y se paseaba por la casa. Aventó un par de ocasiones a su hermano mayor, que más bien era pequeño, pero pronto entendió que no debía hacerlo.

Debido a nuestras necesidades Pita pasaba largos ratos sola en casa, así que se entretenía mordisqueado lo que encontraba, mi agenda de citas, libros, el pedal de mi bicicleta, una puerta, entre otras cosas que destruyó, sin mencionar el pequeño jardín trasero de nuestra casa del que nada quedó, sus favoritas siempre han sido las rosas!    

Su fuerza, velocidad y agilidad aumentaron rápidamente, su energía demandaba siempre más. Me entretenía por las tardes haciéndola morder un trapo, y entrenarla para que lo soltara a voluntad, demostró además de fuerza bruta inteligencia y paciencia con el pequeño humano.

Luego vino la pelota, su juego favorito y parte del remedio para que se tranquilizara un poco, constantes lanzamientos y cachadas a un solo bote, a veces ninguno, el ejercicio le hizo tener una figura envidiable, además que para mí era más sencillo cansarla, cuando intenté pasearla yo en la bicicleta ella tirando de su cadena, se atravesaba en la llanta o daba jalones que me sacaban de balance, ¡desistí!

Pita es “de raza”, no sé qué tan pura, pero cuando la lleve a sus citas para la esterilización siempre había alguien que me la chuleaba y quería cruzar a su perro con ella. Incluso quién la rescató de la perrera nos propuso cruzarla, aún no lo hacía, pero le dije que ya estaba esterilizada y es que desde un principio habíamos decidido evitar que se lucrara con los cachorros o que terminaran como Pita, descuidados o en la perrera.      

Pita resultó una gran guardiana, como dije su musculatura fue en aumento, echada en el recibidor de la casa comiendo un gran hueso ahuyentaba a los extraños, una vecina decía: “parece la esfinge” ahí echadita con su porte, robaron a las casas vecinas, tanto las que estaban en construcción como las habitadas, a la nuestra no, al menos en los primeros años, creo que siempre fue gracias a ella, cuando nos tocó (que nos robaran) ella no estaba, pero esa es otra historia.

Hemos vivido un montón de cosas con Pita, desde que se entretenía haciendo retumbar el suelo corriendo hacía algún paseante de la cuadra, solo para ladrar un par de ocasiones y regresar feliz de su travesura, hasta el día que recibió su cama por idea de mi esposa y que como el niño más feliz en navidad movía su cadera sin cesar demostrando su agradecimiento, toda la familia sin duda queremos seguir contemplándola y tener nuevas anécdotas que contar.

Pita es sumamente cariñosa pero no es consciente de sus 35 kilos de musculo, si la acaricias se parará en dos patas para lamerte, si la persona es bajita alcanzará su cara sin problema, debido a que tiene un muñón que le quedó de cola mueve toda la cadera cuando está feliz, si le dices palabras cariñosas comenzará a agacharse y saltar demostrando su alegría, por último si tienes la fuerza y paciencia suficiente podrás abrazarla, ella subirá a tus piernas llenándote de tosco cariño, debes comprender que ella cree que es un pequeño y liviano chihuahua.  

¡Cuando vengas a casa déjate querer!

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