Alex Castro

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El aprendiz de Doula

junio 27, 2019 Pareja, Sin categoria
El aprendiz de Doula

Esta historia es en torno al nacimiento de mi segundo hijo. Está contada desde mi experiencia como varón jugando un papel que generalmente es realizado por mujeres…según he investigado.

Todo comenzó cuando decidimos tener un nuevo bebé justo en nuestra luna de miel la cual tenía varios años postergada al igual que la boda. Somos una pareja más bien desorganizada, no planeamos dónde se atendería mi esposa o qué haríamos en caso de salir embarazados, ya habíamos vivido el proceso del trabajo de parto una vez el cual culminó en una cesárea aparentemente exitosa.

No entraré en detalles al respecto pero lo de aparentemente es porque mi mujer físicamente se sentía bien, la cicatriz no se notaba y su recuperación fue rápida. Sin embargo diversas situaciones como los tactos para medir la dilatación, la desinformación y especialmente no tener a nuestro hijo inmediatamente nublaron lo que debía ser una de las experiencias más maravillosas que puede vivir una mujer.

              En aquella ocasión la vi angustiada, eso cambió cuando tuvo a nuestro hijo en brazos; no sabía que el no haber logrado dar a la luz de manera natural era un tema que le dolía y la ponía en una discusión interna donde se cuestionaba a sí misma sus capacidades como mujer.

Durante el segundo embarazo un par de preguntas rondaban su ser: “¿habré hecho algo mal?” “¿habrá algo mal conmigo que no pude dar a luz?” la verdad no lo entendí y debo confesar que de pronto pensé que era una exageración o un capricho.

              Ella tuvo, desde que supimos estábamos embarazados, la idea de que fuera parto natural, el médico que confirmó el embarazo advirtió de los riesgos de parir después de una cesárea y dijo que él no se arriesgaba, sobrevino nuestra primera discusión al respecto, como pareja procuramos hablar de lo que nos preocupa y estas conversaciones me fueron permitiendo ponerme en su lugar un momento pero más que eso sentir lo que ella, así entendí por qué quería el parto.

              Decidimos visitar la clínica que atendió nuestro primer embarazo, no teníamos muchas opciones. Mi esposa poco a poco se desilusionaba de la atención que recibía del médico.

En una visita para conocer al nuevo bebé de una de sus amigas, nos contó de su experiencia del parto en casa, con partera, doula, ginecólogo y pediatra.

¡Qué riesgo pensé!, pero allá ellos…estoy seguro que cuando esa idea cruzó mi cabeza vi luz en los ojos de mi mujer y dije: ¡demonios va a querer lo mismo!

Salimos de esa casa con información sobre la partera, la visitamos (plan con maña), para un ajuste de cadera para mi esposa, nos invitó a la charla informativa, para esto yo ya sabía cuándo era, había leído sobre la institución, quien la fundó, desde cuando trabajan en Guadalajara y sobre el parto humanizado.

 Entre lo que encontré yo y lo que mi esposa me compartía me iba formando una idea distinta de esta «onda hippie» del parto humanizado, hasta pensé en invitar a mi mamá, enfermera por 45 años, la mayoría de ellos en cuidados intensivos neonatales, “que ella sea tu duola le dije a mi mujer”. A mi mamá no le hizo gracia, 45 años de institucionalización con todo respeto para mi madre no se rompen fácil.

A solo 20 días de que naciera nuestro bebé estábamos sentados oyendo la plática, “si, qué bonito pensaba yo”, como no es su familia. No podía dejar de sentirme angustiado.

Vi que el parto era todo un proceso, hablaban de un curso de parejas, técnicas de respiración, etc., no teníamos nada, aun así cancelamos el paquete contratado en la otra clínica, la gota que derramó el vaso fue la cerrazón del médico que nos atendía, ella ya estaba decidida.

Optamos por el parto en casa, ya no le avisé a nadie, fue una decisión solo de mi mujer y mía; no quería opiniones estaba seguro de ella y ella de mí, sabía que haría lo necesario para estar con ella, solo pudimos contar con partera y ginecólogo. «Seré tu doula» le dije en broma, leímos sobre como serían las cosas, practicamos respiraciones, nos enfrentaríamos a lo real el día del parto.

Inevitablemente se llegó el “día de la fiesta”, rompió fuente en la madrugada de un lunes, habló con el nuevo médico, con la partera, todo tranquilo, pedí el día en el trabajo, al medio día visitamos al médico, me indicó como sentir la cabeza del bebé mediante el tacto en el vientre de mi esposa, oímos su corazón las cosas iban bien, había que esperar y fuimos a casa.

Mientras conseguí lo que nos pedían para el parto en casa, ¡no teníamos nada!, todavía a las 20:30 ella estaba muy tranquila con las contracciones aumentado en dolor y frecuencia.

Alrededor de las 22 horas médico y partera estaban con nosotros, oímos de nuevo el corazón del bebé. Ambos estábamos tranquilos, mi esposa tenía el ambiente que eligió: luces bajas, música suave, inciensos. Yo hubiera preferido rock.

 Hablé con mi hijo mayor sobre lo que sucedería, mi suegro estaba en casa para ayudarnos a cuidarlo, mi concuño estuvo ahí por casualidad, ahora que lo pienso, nació entre hombres, cosa poco común a lo que yo entendía como parto tradicional. ¿No debería haber estado yo hecho un mar de nervios fumando en otra habitación?, como en las películas.

Pues no, estuve con mi esposa en cada contracción, cuando dormitaba, cuando olvidaba respirar por el dolor, cuando necesitó masajes, realmente la presencia de los profesionales fue un mero “estar ahí” durante gran parte del tiempo, pero a la vez importante por la tranquilidad que nos daba tenerlos cerca.

 La partera sugería algo de cuando en cuando, algunas cosas eran lo que yo ya le había propuesto a ella, descansa, respira, cambia de posición, etc., había hecho mi tarea. Mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de estar juntos de una manera espiritual e íntima distinta a otros momentos, no sé ella pero a mi me ha generado una sensación de mayor cercanía entre nosotros.

En la recta final entramos a la regadera, estuvimos ahí como media hora, ella lo cuenta diferente…pero yo recuerdo que al estar en la bañera ella decía que le faltaba dar “ese brinquito” (confianza en sí misma)  que la partera le había mencionado.

Entre contracciones me abrazaba y se “colgaba” de mi, en los momentos de dolor le recordaba respirar y le masajeaba la espalda, cuando me miraba veía algo en sus ojos que traduje como miedo, recuerdo que en un descanso le dije: “amor te preparaste para esto, puedes hacerlo, estoy contigo, confió en ti y no te dejaré sola”.

Después de eso quiso sentarse, la ayudé, entró la partera y en base a síntomas dijo es el bebé que ya viene, si te tocas sentirás su cabeza, mi mujer lo hizo y su alegría distaba de su expresión de dolor que había tenido antes, “hola mi amor” dijo al sentirlo, la partera fue a avisar al médico que esperaba.

Solo era cuestión de tiempo, la intensidad aumentaba, durante las contracciones más fuertes mi hijo mayor se despertó y permitimos que pasara, se asustó al ver a mamá sufrir, comenzó a llorar, de nuevo le expliqué lo que sucedía, por último le dije: “cuando oigas bebé llorar significa que todo está bien” mi suegro se lo llevó de ahí ya más tranquilo.

 Esperamos dos contracciones más, creo de las más dolorosas según lo que veía en la expresión de mi esposa, ya podía ver la cabeza de nuestro bebé, sentí miedo de ver que no salía por completo, al verlos tranquilos a ellos (médico y partera) me concentré de nuevo en mi esposa, respira, recuerda el mar, aquí estoy, es todo lo que atinaba a decir y a respirar junto con ella.

Pujó por última vez, el bebé dio como un giro y salió lo posaron en el pecho de ella mientras lo limpiaban.

Ella hizo su trabajo yo el mío que según una definición que encontré: una doula acompaña a la mujer embarazada, brinda apoyo físico y emocional continúo, tratando de comprender las necesidades de la parturienta en cada momento, ayudando a que la mujer recupere la confianza en su capacidad fisiológica de parir, amamantar y criar a su bebé.

Con todo respeto para quienes hacen esta labor, pienso, en base a esta experiencia, que si este acompañamiento es realizado por la pareja generará grandes beneficios para la vida conyugal, como terapeuta familiar una constante es la incomprensión mutua de las cosas que nos hacen diferentes a hombres y mujeres.

Compartir una experiencia como esta me ha permitido tener una mayor conciencia de lo que vive una mujer en la experiencia de dar a luz, pero también de hablar con mi esposa sobre mi propia vivencia al estar ahí, que como dije antes lleva nuestra relación a niveles distintos en donde nos convertimos más en quien somos al convertirnos en una parte del nosotros.

Así que para terminar invito a los hombres a que vivan esto con su pareja, nunca sabremos que se siente parir…espero. Pero en verdad es una oportunidad única de comunión entre la pareja y de mirar la culminación de un milagro que ayudamos a formar.

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1 Comment
  • Patricia de Jesús Becerra Franco 11:23 am agosto 14, 2019 Responder

    Felicidades por el acompañamiento, sensibilidad y apertura!!!

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