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De la asistencia a la innovación social, una aproximación desde la evaluación.

noviembre 16, 2018 Adolescentes
De la asistencia a la innovación social, una aproximación desde la evaluación.

El crecimiento poblacional, así como la organización económica ha generado la necesidad de desarrollar programas que cubran las necesidades básicas de aquellos que por alguna circunstancia no logran hacerlo. Es así como nace la asistencia social (AS), sin embargo, además de cubrir estas necesidades básicas la AS se ha transformado en una fuente inagotable de capital político.

Derivado de lo anterior, acciones que de entrada estaban encausadas a apoyar a la gente que vivía un mal momento económico hoy se han convertido en moneda de cambio para mantener el poder de algunos cuantos, transformando la AS en asistencialismo, entendiendo este último concepto como acciones que más que activar los recursos de los individuos los menguan a fin de mantener un circulo de dependencia.

La asistencia social debe de evolucionar a un modelo más eficiente, es aquí donde surge la figura de la innovación social (IS), la cual busca mejorar las intervenciones que se realizan de una forma más cercana e incluyente con la población a la que se dirige, sin embargo esto no es posible si los programas y/o acciones no son evaluados.

Es por ello que en el presente escrito se aborda un análisis de lo que se hace y se deja de hacer en la AS, la importancia de incluir a las comunidades en el desarrollo de los programas que son dirigidos a ellos mismos, así como la importancia de la evaluación de las intervenciones.

El Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia DIF

El DIF, es quizá la entidad más conocida de asistencia social en México, fundado en 1977 durante el sexenio del Presidente Miguel de la Madrid, el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, organismo público descentralizado cuyos precedentes son el “Instituto Nacional de Protección a la Familia y la Institución Mexicana de Asistencia a la Niñez” (Zorrilla, 2002: 84), temas que hasta el día de hoy tratan los diferentes Sistemas Municipales, los cuales, incluido el del municipio de Zapopan, se crean con la finalidad de que los servicios que brinde cada municipio estén acorde a las necesidades específicas de éstos, considerando cantidad de población, recursos, extensión territorial entre otros (Bracamontes, 1987; Peregrina, 1994).

Aunque las acciones de los DIF municipales son bienintencionadas no es posible aseverar que sean eficaces, las acciones están encaminadas a asistir más que a empoderar, se da un valor significativo a la cantidad de personas que se atiende que a la efectividad de los programas, debido a que ni se evalúan ni se sistematizan (Fernández, 2001).

Trabajo comunitario e innovación social.

Existen diversas acciones que aportan al trabajo comunitario, una de ellas es la psicología social de la salud, que estudia la interacción entre salud/enfermedad y sociedad (Rodríguez y García, 1996), entre ellas el fenómeno de las adicciones, aborda su análisis desde un ángulo macro social, como lo es la teoría del rol, comunicación, reactancias, aprendizaje social, estrés, apoyo social, etc., (Rodríguez y García, 1996).

Por otro lado la psicología comunitaria, a diferencia de la social tiene un contacto directo con la comunidad pero no como objeto de estudio, sino como actor activo, tiene un carácter preventivo en respuesta a la escasa atención recibida por las clases bajas, las cuales suelen ser las más desatendidas (Hombrados y Gómez, 1993; Montero, 2004).

Desde esta perspectiva comunitaria se busca crear redes sociales positivas, así como generar ambientes de apoyo (Hombrados, 1996; Gracia, 2011), que permitan a los individuos tener una perspectiva distinta de sus relaciones, así como encontrar espacios para el diálogo y la construcción de significados.

La innovación social viene a retomar conceptos y herramientas antes descritos, a fin de abordar de una forma proactiva a la vez que eficiente las problemáticas sociales (García y González, S/A).

La evaluación como herramienta de la innovación.

Los programas sociales son escasamente evaluados, Campanini y Luppi, (1991), refieren que el asistente social durante su intervención puede desarrollar una evaluación de su propio quehacer, sugieren que la evaluación sea sistémica, entendiendo esto como la vinculación circular que debe hacer el asistente social en el análisis de la problemática que atiende, evitar mirar causas-efectos, considerando elementos del contexto igualmente importantes.

Los programas de asistencia social, en ocasiones se alejan de las necesidades reales de la población, debido a factores como: cambios de administración política, falta de recursos e interés.

Por lo anterior la evaluación formal de los programas que se implementan es importante, ya que la evaluación permite, independientemente quien administre, tener información objetiva sobre lo que funciona y lo que no, esto posibilita adecuar las estrategias a formas más eficientes (Becoña, 2002; Sainz, 2006; González, 2012), utilizando los recursos disponibles para ello, en los programas sociales el recurso más importante está en la comunidad misma y en quien trabaja en ella, ya que estos dos elementos son materia prima para evaluar las intervenciones.

Conclusión

Tener  la oportunidad de observar y describir si existen resultados positivos en el corto y largo plazo (Gracia, 1997), permite tener resultados locales que aporten conocimientos aplicables a grupos más amplios, como el diseño de programas preventivos dirigidos a poblaciones con características similares a las ya evaluadas, protocolos que tomen en cuenta las experiencias previas y las particularidades de los nuevos grupos, con cada programa evaluado se teje una red de conocimiento local que al crecer se vuelve una útil herramienta para el desarrollo de nuevas estrategias.

Gant (2004) y Gracia (1997), hacen mención que las evaluaciones son costosas y requieren de recursos para su implementación con grupos naturales y comunidades; sin embargo las instituciones tienen esta ventaja, ya se trabaja de forma cercana a las comunidades, ya se cuenta con personal que puede desarrollar investigación al momento de intervenir, en una suerte de “investigación-acción participativa” (Cuevas, 2013. p. 75), desde donde se comprendan las necesidades de la población, desde la experiencia de la propia comunidad, generando el cambio necesario para ellos mismos, a la vez que “desde dentro” se evalúa si las intervenciones son las adecuadas y si no lo son, las propias personas en conjunto con quienes intervienen puedan modificarlas, es esto último la esencia de la IS, y la guía para transformar el actual sistema de asistencialismo.

Referencias

Becoña, E. (2002). Bases científicas de la prevención de las drogodependencias. Madrid: Imprenta nacional del boletín oficial del Estado.

Bracamontes, F. (1987). La descentralización del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia y los sistemas estatales y municipales. Revista de administración pública. Vol. 69/70, 153-156.

Campanini, A., y Luppi, F. (1991). Servicio social y modelo sistémico: Una nueva perspectiva para la práctica cotidiana. Barcelona: Paidós.

Cuevas, P. (2013). Memoria colectiva. Hacia un proyecto decolonial. En Walsh, C. (Ed.). Pedagogías decoloniales: prácticas insurgentes de resistir, (re) existir y (re) vivir. Quito: Abya-Yala.

Fernández, J. (2001). Evaluación de programas en servicios sociales. En Fernández-Ballesteros, R. (Ed.). Evaluación de programas. Una guía práctica en ámbitos sociales, educativos y de salud. (207-238) Madrid: Síntesis, S.A.

Gant, L. (2004). Evaluation of group work. En Garvin, C., Gutiérrez, L., y Galinsky, M. (Eds.). Handbook of social work with groups. (461-475) New York: Guilford.

García, F., y González, B. (S/A). Innovación social, política pública y bienestar juvenil.

González, M. (2012). Evaluación institucional de acciones de prevención y tratamiento de adicciones en los niveles de educación media superior y superior. En Reidl, M. (coord.), Desarrollo de nuevos modelos para la prevención y el tratamiento de conductas adictivas. (11-27) México: Porrúa.

Gracia, E. (1997). El apoyo social en la intervención comunitaria. Barcelona: Paidós.

Gracia, E. (2011). Apoyo social e intervención social y comunitaria. En Fernández, I., Morales, J., y Molero, F. psicología de la intervención comunitaria. (129-172) Bilbao: Desclée de Brouwer.

Hombrados, M. (1996). Introducción a la psicología comunitaria. Málaga: Aljibe ediciones.

Hombrados, M y Gómez, L. (1993). Introducción a la psicología comunitaria. En Gómez, L., Hombrados, M., Canto, J., y Montalbán, F. Aplicaciones de la psicología social. (15-21). Málaga: Miguel Gómez ediciones.

Montero, M. (2004). Introducción a la psicología comunitaria. Desarrollo, conceptos y procesos. Argentina: Paidós.

Peregrina, A. (1994). El DIF Jalisco: Aproximación a su historia. Disponible en: http://sistemadif.jalisco.gob.mx/sitio2013/sites/default/files/historia_dif.pdf[2016, 2 de julio].

Rodríguez, J., y García, J. (1996). Psicología social de la salud. En Álvaro, J., Garrido, A., y Torregrosa, J. (coords.), Psicología social aplicada. (351-380) España: McGraw-Hill.

Sainz, J. (2006). Proceso de evaluación y su importancia en los programas de promoción social. En Galeana, S. (coord.), Promoción social una opción metodológica. (105-119) México: Plaza y Valdés.

Zorrilla, S. (2002). Aspectos socioeconómicos de la problemática en México. México: Limusa.

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